México: declinación exportadora con el TPP-11

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La tradicional inconsistencia de los mexicanos que Alan Riding señaló en su obra maestra Vecinos Distantes, paradójicamente no aplica en materia de política de comercio exterior pues durante los 25 años más recientes los altísimos funcionarios han sido extremadamente consistentes en la aplicación de un liberalismo dogmático que mucho ha dañado a la economía y a la sociedad mexicana; desgraciadamente también han sido muy consistentes en la designación de improvisados burócratas habilitándolos como expertos en comercio internacional; y consecuentemente también han sido muy consistentes en la improvisación y simulación que ha caracterizado sus actividades.

Hoy, Alan Riding se sentiría frustrado con esta situación y se vería forzado a escribir una segunda versión de Vecinos Distantes, sin embargo, su título sería: Vecinos más distantes ya que nuestros funcionarios no han logrado la integración comercial ni productiva con nuestros socios del TLCAN; tampoco han  logrado aprovechar las ventajas comparativas de cada país en la producción compartida; no han mejorado la competitividad ni atraído mayores flujos de inversión extranjera y, consecuentemente, no han creado mayor número de empleos ni mejorado el nivel de vida de los mexicanos. 

Sin embargo, ese título tendría mayor grado de validez debido al irrefrenable deseo de esos altísimos funcionarios de firmar TLC’s con cualquier país, mismos que incluyeron a otros 52 países, con los que mayormente registramos déficit creciente, especialmente aquellos con los que nada tenemos que ganar como son los 6 nuevos “socios” del TPP-11, que realmente son Vecinos mucho  más distantes

Durante los 26 años más recientes, el intercambio comercial de México con sus seis nuevos socios del TPP-11, ha mostrado una tendencia sostenida con un déficit que de -547 millones USD en el año 1993, pasó a -17,604 millones USD en 2019.Conviene señalar que, en el año 2019, México sólo tuvo superávit con dos de esos países, Australia y Brunéi, por un total de 655 y 8 millones USD, con un acumulado de 809 y 39 millones USD en el periodo 1993-2019, respectivamente.Por el contrario, registra un déficit creciente con Nueva Zelanda, mismo que en el año 2019 fue de -261 millones USD; de -811 millones USD con Singapur; de -5,885 millones USD con Vietnam; y de -11,310 con Malasia.El déficit acumulado en el periodo 1993-2019 fue de -6,405 millones USD con Nueva Zelanda; de -20,708 millones USD con Singapur; de -29,616 millones USD con Vietnam; y de -105,806 millones USD con Malasia. En total, durante el periodo 1993-2019, México acumuló un déficit de -161,687 millones USD con sus seis nuevos “socios” del TPP-11.

Es importante señalar que, en el 2019, primer año vigencia del TPP-11, la tendencia continuó de tal manera que el déficit total fue de -17,604 millones USD. Durante el primer mes del año 2020, el déficit mantuvo su tendencia ascendente de tal manera que, en enero, el saldo negativo fue de -2,120 millones USD, lo que representó un incremento de 921 millones USD con respecto al mes de enero de 2018. Así, durante el mes de enero de 2019 y 2020, el déficit alcanzó la cifra de 4,327 millones USD.

Comentarios

El gran desbalance que presenta el intercambio comercial con los países del TPP-11 será imposible de eliminar, de hecho ni siquiera de reducir un poquito debido a la nula competitividad del marco sistémico mexicano frente a esos “socios” del TPP-11, pues esto ha generado una enorme debilidad en la planta productiva nacional.

En el año 2019, el Foro Económico Mundial situó a México en el 48º lugar porque de las 140 variables que miden la competitividad de nuestro país en relación con sus seis nuevos socios, sólo tuvo ventaja en 18 y total desventaja en 122. Conviene señalar que el más grave problema que se presenta en materia de competitividad es la pésima calidad de las instituciones públicas y de sus funcionarios, dado que sus carencias provocan la imposibilidad de definir un marco sistémico que permita a la planta productiva nacional trabajar con costos reducidos.

Todo ello se traduce en una planta productiva cada día más débil, con una oferta exportable menos diversificada, que depende en gran medida de una creciente importación de insumos para atender las necesidades el mercado interno y el de exportación, con decreciente valor agregado.

Desgraciadamente, el dinamismo que en algún momento registró la exportación mexicana no fue resultado de un proyecto nacional de desarrollo, sino que fue originado por la presencia de numerosas empresas extranjeras radicadas en México que, atendiendo políticas corporativas muy exitosas, realizaban transacciones intrafirma utilizando a nuestro territorio como un centro de costos. Sin embargo, a partir del año 2001, muchas de ellas lo abandonaron debido a la pérdida de competitividad de nuestro marco sistémico. Así podemos ver que, en términos generales, la estructura de la oferta mexicana es débil y muy reducida, y que específicamente, entre 2012 y 2017, el número de productos objeto de exportación al TPP-11 se redujo en 36 al pasar de 3,763 a 3,727, en tanto que el número de productos ofrecidos por esos países se incrementó en 626 al pasar de 8,159 a 8,785 en el mismo periodo.

Al respecto, hay que mencionar que muchos de los artículos que hoy importamos, principalmente de Malasia, Singapur y Vietnam, son insumos de alto nivel tecnológico que utilizamos para ensamblar productos de reexportación, principalmente a Estados Unidos, con decreciente valor agregado en México; mismo que en el periodo 1993-2019 cayó del 59% al 37%, dado que el sistema de comercio exterior implantado por nuestros altísimos funcionarios está basado en la importación creciente de insumos, para ensamblar en nuestro territorio bajo un esquema de maquila simple de ensamble, y para reexportar con decreciente valor  agregado.

Conviene señalar que hace algunos años, varios de los principales productos e insumos que actualmente importamos de estos tres países en forma masiva, eran producidos y exportados por nuestro país como líder del sector, entre los cuales se cuentan los productos electrónicos, las confecciones, el calzado y el café.

Apuntes finales

La firma del TPP-11 fue resultado del liberalismo dogmático que aplicaron nuestros teóricos y altísimos funcionarios, muchos de ellos con varios estudios de posgrado, pero desconocedores de la estructura de la planta productiva nacional, de su oferta y de la operación real del comercio internacional que, adicionalmente, hicieron caso omiso del pésimo nivel de competitividad de nuestro marco sistémico mismo que he señalado en diversos estudios que pueden consultar en mis columnas anteriores de El Semanario (ver más abajo).

Los resultados de la simulación e improvisación de estos funcionarios los estamos sufriendo por los enormes retrocesos que ha registrado la economía mexicana en los 25 años más recientes y que, desgraciadamente, están haciendo crisis en este momento en que coinciden con una pandemia que nos obliga a desplegar nuestros mejores recursos.

Alan Riding, representante de The Financial Times y The Economist, al final de doce años que pasó en México, señaló en su libro Vecinos Distantes que lo único consistente de los mexicanos era su inconsistencia. Desgraciadamente en materia de comercio exterior no podemos aplicarle su máxima a nuestros funcionarios pues, excepcionalmente, nuestros improvisados burócratas habilitados como expertos en comercio internacional han sido “verdaderamente consistentes en comercio exterior a pesar de los pésimos resultados obtenidos”.

Sin duda, las circunstancias obligan a que en este momento se realice una revisión profunda de la “estrategia” seguida en esta materia, a fin de revertir esos retrocesos que se han manifestado de una manera verdaderamente grotesca; en falta de oportunidades para grandes núcleos de la población mexicana, motivo por el cual algunos mexicanos han tenido que ingresar a la economía informal, otros han tenido que emigrar y, lo peor de todo, es que otros como única y última solución para proveer los recursos para satisfacer las necesidades de su familia, han ingresado a las filas de la delincuencia.

Nota bene: En el año de 1975, México y Vietnam eran países muy diferentes a los que hoy conocemos. En esa época, yo era el Coordinador de Consejerías para Asia, África y Oceanía del Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE), del cual era Director General el Lic. Julio Faesler.

En esa época, ya estábamos al final de una etapa de cerca de 30 años de desarrollo económico sostenido que, prácticamente, ningún otro país había logrado, y como éramos extraordinariamente “solidarios” con los países del Tercer Mundo, el Lic. Luis Echeverría Álvarez, Presidente de la República en ese momento, decidió enviar a Vietnam un buque de la Armada de México cargado de bicicletas, PVC, cuerdas de henequén, etc., como un obsequio. A su llegada a ese país el buque debía de exhibir un letrero que dijera:

El pueblo de México colabora en la reconstrucción de Vietnam. Octubre 2 de 1975

La entrega del cargamento en Vietnam le fue encomendada al Ing. Héctor Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, Director de Desarrollo Industrial y Transferencia de Tecnología del IMCE, teniendo en cuenta que en aquella época México era un país que había logrado desarrollar algunas tecnologías que resultaban de punta para otros países, entre ellos Vietnam, mismo con el que se consideró la posibilidad de desarrollar algún proyecto en la materia.

A mí me encargaron coordinar algunas actividades para la realización del viaje y conseguir la traducción de dicho texto al vietnamita, misma que logré obtener a través del entonces Consejero Comercial de México en La Habana, Cuba, el Ing. Víctor Manuel Saucedo Madrigal, y en donde ya había una representación de ese país. Anexo incluyo copia del texto y la traducción.

Twitter:@ArnulfoRGmez