El lado oscuro del excepcionalismo norteamericano

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Por siglos, el excepcionalismo norteamericano ha destacado como una de las corrientes más populares en el país. Hace 400 años, el abogado puritano John Winthrop declaró a Estados Unidos una “brillante ciudad sobre una colina” con los “ojos del mundo” sobre ella.

Los defensores del excepcionalismo norteamericano argumentan que, debido a los ideales republicanos sobre los que Estados Unidos fue fundado, la trayectoria del país siempre ha sido distinta al resto del mundo.

Hasta hace poco, el excepcionalismo parecía destinado a permanecer como una de las doctrinas dominantes sobre la identidad estadounidense. Sin embargo, hoy Estados Unidos se distingue por su incapacidad de frenar la propagación del COVID-19 de manera contundente, destacando como el país con más infecciones en el mundo.

Otros países de altos ingresos muestran cifras modestas de casos nuevos — en gran parte por haber seguido los consejos de expertos en salud pública, implementado medidas de distanciamiento social y uso de máscaras, y rastreado a las personas que entraron en contacto con nuevos pacientes.

Estados Unidos ha seguido una ruta distinta, exhibiendo el lado más oscuro del excepcionalismo norteamericano.

Cinco meses después de que el nuevo coronavirus se detectó por primera vez en Estados Unidos, un aumento sin precedente en nuevos casos se convierte en la señal más clara del fracaso colectivo del país para controlar el virus, exponiendo una crisis de gobernanza y participación cívica, así como una guerra cultural profunda.

Más de 2.5 millones norteamericanos han contraído COVID-19, y al menos 125,900 han muerto, según la base de datos del New York Times.

Muchos alrededor del mundo se preguntan como fue que el coronavirus se arraigó en Estados Unidos. Existe más de una respuesta, puesto que la difusión del COVID-19 recayó en factores políticos, sociales y culturales.

Un número preocupante de autoridades federales, estatales y locales minimizaron el virus en repetidas ocasiones, dejaron de lado a los expertos y difundieron información falsa sobre riesgos y curas. Sin embargo, más allá de acciones gubernamentales insuficientes e incluso erráticas, millones de norteamericanos no reconocieron la gravedad — y en muchos casos, ni siquiera le existencia — del virus.

El inédito brote viral requería precisión, cooperación ciudadana, dirección y liderazgo contante. En cambio, una población dividida y polarizada fue sorprendida por el COVID-19, el cuál agudizó algunas de las fracturas raciales, culturales y políticas más antiguas del país.

Aunque los expertos médicos insisten en la importancia del uso de mascarillas para frenar la transmisión del virus, una cantidad alarmante de norteamericanos se rehúsan a utilizarlas, puesto que las consideran una “afrenta” a su libertad individual.

La incomodidad e inconveniencia de usar máscaras en público se ha convertido en el principal agravio de los estadounidenses que demandan “libertad,” a pesar de que su uso es una de las medidas protectoras más efectivas y menos costosas disponibles.

En las últimas semanas, el uso de máscaras en Estados Unidos se ha convertido en otro punto crítico en las guerras de la cultura partidista.

Mientras tanto, los números de casos nuevos aumentan sin señal de freno. “No me sorprendería si aumentamos a 100,000 casos diarios si esto no cambia, lo cuál me tiene muy preocupado «, dijo el Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del país, en una audiencia en el Senado el martes.

Aunque Fauci se negó a hacer predicciones exactas, señaló que Estados Unidos ahora presenta 40,000 casos por día, y hay señales preocupantes saliendo de los estados del sur y oeste.

El secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, advirtió que la «ventana se está cerrando» para que Estados Unidos controle la pandemia.

«Las cosas son muy diferentes en comparación a hace dos meses. Esta es una situación muy, muy grave y la ventana se está cerrando para que podamos tomar medidas y tener esto bajo control», dijo Azar en entrevista con CNN.

Estados Unidos representa el 4% de la población global y más del 25% de los casos de coronavirus del mundo. Hoy, el panorama de un país cuyo liderazgo en la comunidad internacional parecía inamovible, se ha transformado radicalmente.

Los sistemas de salud de distintos estados se avecinan al punto de quiebre, mientras la vida de cada vez más norteamericanos está en riesgo. Gobernantes, legisladores y representantes electos se enfrentan

La unión americana se ha convertido una advertencia para el resto de los países luchando contra el virus, puesto que ha demostrado que la falta de unidad en un territorio diverso y extenso puede tener consecuencias sanitarias incontrolables.

Negar, minimizar y trivializar a un virus altamente contagioso que el mundo aún no logra descifrar, no es suficiente para eliminarlo — sin importar que tan cansados, hartos o molestos estemos. Más allá de la carga individual, tenemos una responsabilidad social de frenar el contagio. En palabras del Dr. Fauci, “debemos darnos cuenta de que somos parte de un proceso más grande que cada uno de nosotros.”