El poder de una canción

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“Un violador en tu camino” es el título de la canción que miles de mujeres con ojos vendados entonaron contundentemente en Chile para protestar la violencia de género el pasado 29 de noviembre.

Las cuatro creadoras — Sibila Sotomayor, Dafne Valdés, Paula Cometa y Lea Cáceres —del performance reproducido en países como México, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Argentina, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Austria, España y Francia, pertenecen al colectivo chileno Las Tesis, cuyo nombre proviene de su objetivo de retomar tésis de autoras feministas para crear mensajes populares mediante formatos escénicos.

            De acuerdo con dirigentes de Las Tesis, la letra del himno se inspira en textos de la antropóloga Rita Segato, quien escribe sobre la violación y su desmitificación. Hoy, ya no solo se canta en español, sino en inglés y francés.

«No sólo queríamos hablar sobre la desmitificación de la violación como un problema personal, o la atribución solo de enfermedad al hombre que viola, sino que también queríamos decir que esto es un tema social», explicó Sotomayor a Interferencia, un medio independiente chileno.

            Resulta útil y necesario desglosar los reclamos de la canción para aquellos que han calificado al performance como exagerado, teatral, melodramático o demasiado radical. Aunque trivializar la letra y ridiculizar la coreografía permanecen como impulsos inevitables para muchos, particularmente en redes sociales, es importante reflexionar sobre los orígenes de un himno decisivo, crudo, y basado en realidades innegables para millones de mujeres alrededor del mundo.

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer,” comienza el cántico viralizado, “y nuestro castigo, es la violencia que no ves.” El carácter sistemático y compuesto de la violencia de género alimenta narrativas sobre el estado como una estructura patriarcal. El lenguaje de la canción emplea ideas sobre el patriarcado como un paradigma social, cultural, político, económico y físico que condiciona la seguridad y el desarrollo de las mujeres por el simple hecho de serlo.

            “Es feminicidio. Impunidad para mi asesino. Es la desaparición. Es la violación.” Mediante lenguaje simple, explícito y sagaz, la canción busca definir los orígenes y consecuencias de la violencia de género en los términos más rotundos y visuales posibles. De acuerdo con el informe de Índice GLAC-El Financiero, en los últimos cuatro años, los feminicidios aumentaron 111% en México, bajo una tendencia de crecimiento general de violencia de género en países latinoamericanos.

Aunque muchos sucumben a la tentación de minimizar el problema a un ejercicio retórico de las “feminazis” inconformes, resulta crucial recordar que los incidentes de violencia física y sexual referidos en la canción no aluden a anécdotas aisladas y abstractas, sino a cifras concretas que reflejan realidades nacionales alarmantes.

“Son los pacos (policías), los jueces, el estado, el presidente. El estado opresor es un macho violador. Duerme tranquila niña inocente, sin preocuparte del bandolero (criminal), que por tus sueños dulce y sonriente vela tu amante carabinero (policía).” Mediante una amplia gama de referencias a autoridades, desde actores locales como las fuerzas policíacas al presidente, la letra refleja la incapacidad y complicidad que existe en sistemas judiciales y políticos para responsabilizar a aquellos que cometen crímenes.

El cántico denuncia a las autoridades con la mayor agencia para ejercer acciones sustanciales que prevengan y sancionen el feminicidio, las múltiples manifestaciones de violencia sexual y la desaparición. En México, la Organización de Naciones Unidas estimó este año que 6 de cada 10 mujeres han enfrentado algún incidente violento durante su vida, refiriendo al feminicidio como la representación mas extrema de esta violencia. La mención del estado como institución y distintas autoridades del poder ejecutivo y judicial alude a la relación entre el alza de delitos de género y la impunidad.

De acuerdo con cifras del estudio Hallazgos 2018: Seguimiento y Evaluación del Sistema de Justicia Penal en México por la organización México Evalúa, nueve de cada diez feminicidios quedan impunes. El índice de impunidad estatal en 2018 fue de 96.14%, mientras que el federal fue de 94.6%. Las entidades con los niveles de impunidad mas bajos exceden el 87%. Ante la expectativa de protección por parte de las autoridades de cada país, parte de la protesta de la canción se relaciona a la imposibilidad de responsabilizar y desalentar a violadores, asesinos y agresores mediante vías institucionales.

“Y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía.” Una de las estrofas más interesantes del himno, esta denuncia se dirige a las justificaciones de violencia mediante culpabilizaciones de la víctima.

Campañas y métodos para abordar la violencia de género se concentran en las decisiones de la potencial víctima, desplazando al agresor como actor secundario. Instrucciones sobre como cuidarse, como prevenir agresiones, que zonas evitar, como actuar y que decir, se dirigen a las mujeres que pueden ser agredidas sexualmente o incluso asesinadas. Los perpetradores de estos crímenes no parecen recibir instrucciones tan detalladas.

Durante un juicio penal en Irlanda en noviembre de 2018, el abogado de un joven acusado de violación citó la ropa interior de encaje que portaba la víctima como señal de su consentimiento. Durante el alegato final, el abogado defensor pidió al jurado que considerara la ropa interior que llevaba la mujer de 17 años mientras fue atacada por un hombre de 27 años en un callejón.

Abogados norteamericanos que representan a mujeres víctimas en casos de violación reconocen que el atuendo, el estado de consciencia y la relación con el agresor son algunos de los puntos en los que la defensa del agresor se concentra más.

El proceso legal para denunciar crímenes sexuales resulta más desgastante para víctimas que para agresores, puesto que ciertas acciones y conductas por parte de una mujer, tales como portar ropa provocativa, haber estado bajo la influencia del alcohol u otras sustancias y haber tenido múltiples parejas sexuales previas, invalidan cargos de violencia sexual mediante narrativas de consentimiento.

El lenguaje radical y llamativo del himno no representa una excusa para descalificarlo, sino que encapsula corrosiones sociales, culturales y políticas tan profundas y tangibles que se convierte en nuestro deber como ciudadanos reflexionar sobre el peso de las palabras elegidas. En la simpleza del mensaje se encuentra su fuerza.

La burla y la trivialización no dejaran de ser vehículos para aquellos que no consideran que la escala de crímenes de género sea un problema real.

Es mas fácil reducir, relativizar, reírse y por supuesto, atacar, que recibir un mensaje que demanda cambios profundos en el sistema político, exige garantías de equidad de género y denuncia conductas inaceptables en democracias modernas.