Pesimismo Afroamericano

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Durante la campaña presidencial de 2016, el entonces candidato Donald Trump hizo un llamado al sector afroamericano estadounidense en búsqueda de su voto. “    ¿Qué tienen que perder?” dijo el empresario. Tres años después, los votantes afroamericanos emiten su veredicto pesimista sobre el futuro de un país que, de acuerdo con su perspectiva, se encuentra bajo el mando de una administración explícitamente racista.

            La semana pasada el Washington Post reportó una encuesta que realizó en colaboración con Ipsos para determinar actitudes generales del sector afroamericano sobre el paisaje político actual. En total, cerca de 1,100 adultos afroamericanos participaron, incluyendo 900 votantes registrados.

El estudio realizado a nivel nacional reveló temores comunes sobre la falta de oportunidades para generaciones afroamericanas futuras y la creencia general sobre la falta de conciencia por parte de la mayoría caucásica sobre la discriminación hacia la gente de color en el país. 

            Aproximadamente 8 de cada 10 estadounidenses de color sostienen que Trump es racista y que ha hecho del racismo un problema mayor en Estados Unidos. Aproximadamente 9 de cada 10 desaprueban de su desempeño como mandatario en general.

            A pesar de la presencia de Trump como figura a lo largo de la encuesta, el pesimismo afroamericano trasciende al mandatario actual. Cerca del 65% de afroamericanos sostienen que es un “mal momento” para ser una persona de color en Estados Unidos. Subgrupos con distintos niveles de ingreso, edades y posturas políticas comparten un sentido de desesperanza.

            Por el otro lado, aproximadamente el 77% sostiene que es un “buen momento” para ser una persona blanca, con una gran mayoría acusando a la población caucásica de no entender la escala de discriminación contra los afroamericanos.

            El presidente habla rutinariamente sobre el impacto de una economía en ascenso y una tasa de desempleo históricamente baja en el bienestar de la población afroamericana. Hace unos meses declaró en conferencia de prensa, “Lo que he hecho por los afroamericanos en dos años y medio, ningún presidente ha hecho.”

            Entre votantes afroamericanos, las supuestas mejorías en su situación financiera actual se perciben como productos de sus propios esfuerzos, no como acciones concretas por parte de la administración de Trump.

Los afroamericanos informan pocos cambios en su situación financiera personal en los últimos años, con un 19% que dice que ha mejorado y un 26 por ciento que ha empeorado. La mayoría, el 54% dice que su situación financiera se ha mantenido igual.

Por encima de cuestiones económicas, la mayoría de los afroamericanos encuestados ven como la mayor amenaza actual un deterioro en sus comunidades y un futuro incierto para sus hijos. Menos del 16% cree que la mayoría de los niños de color nacidos hoy tienen “una buena oportunidad para lograr un nivel de vida cómodo.” Cerca del 75% sostiene que estas oportunidades están reservadas para niños de la mayoría blanca. Más de 8 de cada 10 no confía en que los cuerpos policiacos estadounidenses tratan a gente de distintas razas por igual, mientras que 7 de cada 10 desconfía de la policía en sus propias comunidades.

El pesimismo afroamericano establece que la gente de color puede triunfar en Estados Unidos, pero que tiene que trabajar mucho más que la mayoría caucásica. En un país polarizado, las percepciones negativas de una de las minorías históricas más importantes revelan tensiones raciales, económicas y culturales que amenazan con dividir cada día más. Trump se alza como una representación del privilegio racial de una mayoría que discrimina, asume y simplifica.

Más allá de los legados de la esclavitud y la segregación, los afroamericanos se oponen a un sistema moderno que no los hace sentir seguros y falla en entregarles las mismas oportunidades que a otros grupos. Divisiones entre demócratas y republicanos, blancos y negros, ellos y nosotros se agravan y ahondan en un clima político que recompensa los extremos. Hoy más que nunca, las políticas de identidad imperan de formas corrosivas y divisorias.