Crónicas de COVID-19 desde Washington, DC: Desinformación y teorías de conspiración

La propagación global del nuevo y altamente contagioso covid, COVID-19, ha desatado lo que el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres

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La propagación global del nuevo y altamente contagioso coronavirus, COVID-19, ha desatado lo que el Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, llamó la semana pasada una «pandemia de desinformación.»

Cifras recientes sobre consumidores de información norteamericanos confirman estas tendencias. Según el más reciente estudio del Pew Research Center, más de la mitad de los estadounidenses (51%) reporta dificultad para determinar la veracidad de la información sobre el brote de COVID-19.

Cerca de dos tercios de los adultos (64%) dicen haber visto al menos algunas noticias e información sobre el nuevo coronavirus que parecían completamente falsas.

Los periodistas emergen como figuras clave para contrarrestar el «brote peligroso de desinformación» que acompaña a la pandemia COVID-19, dijo Guterres durante un diálogo virtual sobre la promoción de la libertad de prensa en medio de la crisis global.

El Secretario General enfatizó el valor de medios informativos imparciales en un momento en que los consejos de salud perjudiciales, los discursos de odio y las teorías de conspiración aumentan y las «mentiras descaradas» se difunden en línea a un ritmo vertiginoso.

“El antídoto para esta pandemia de desinformación son las noticias y el análisis basados ​​en hechos,” dijo Guterres. “Esto depende de la libertad de prensa y los reportajes independientes en cada país.”

Kasisomayajula Viswanath, Profesor de la Escuela de Salud Pública de Harvard dijo que la popularidad y la ubicuidad de las redes sociales se traducen en patrones peligrosos de desinformación.

De acuerdo con Viswanath, el público ya no solo consume pasivamente imprecisiones y falsedades. Ahora, las difunde e incluso las crea, lo cual representa una dinámica «muy diferente» a las de pandemias anteriores, como MERS-CoV y H1N1.

«Alguna información falsa puede no tener intenciones explícitas de engañar descaradamente a las personas,” dijo el Profesor de Harvard, como aconsejar a otros que coman ajo o hagan gárgaras con agua salada como protección contra el COVID-19.

Sin embargo, la mayoría de las campañas de desinformación son propagadas con fines políticos y mienten deliberadamente. Estas cuentas crean y difunden contenido falso, como un video que pretende mostrar al gobierno chino ejecutando a residentes en Wuhan con COVID-19 o «Plandemic», una película que sostiene que la pandemia es una “artimaña para forzar vacunas masivas.

El alto volumen de noticias falsas y campañas de desinformación en línea está “desplazando” a las pautas del sector salud, “dificultando la labor de los expertos,” dijo Viswanath.

La desinformación propagada en redes sociales es generalmente publicada por personas que genuinamente creen que es verdad. Sin embargo, gran parte del contenido falso es inicialmente promovido por cuentas automatizadas o bots.

El más reciente estudio del Centro para la Democracia Informada y la Ciberseguridad Social de la Universidad Carnegie Mellon encontró que entre el 45% y el 60% de las cuentas de Twitter que producen y promueven desinformación relacionada con el COVID-19 eran bots.

El equipo de investigadores encontró más de 100 narrativas falsas y teorías de conspiración relacionadas con COVID-19 que fueron perpetuadas por bots, como la idea de que las torres inalámbricas 5G están propagando el virus, o que dicho fue creado en un laboratorio en Wuhan, China como un arma biológica.

Según una investigación publicada por el New York Times, desde febrero hasta abril, las teorías de conspiración que vinculan falsamente al fundador de Microsoft, Bill Gates, con la pandemia se mencionaron 1.2 millones de veces en televisión y redes sociales.

Recientemente, el portavoz de Twitter reportó más de 2,600 tuits eliminados en relación con COVID-19 y más de 4.3 millones de cuentas desactivadas, aunque declaró que “no es posible eliminar cada tweet que contenga información incompleta o disputada sobre COVID-19.”

Mientras que Facebook, Google, LinkedIn, Microsoft, Reddit, Twitter y YouTube emitieron una declaración conjunta en la cual se comprometieron a trabajar juntos para combatir la desinformación en sus plataformas, dicha continúa propagándose tan rápido como el coronavirus.

Expertos de comunicación coinciden en que la naturaleza misma de las redes sociales permite que la desinformación se comparta fácilmente, puesto que, a diferencia de los medios tradicionales, en estas plataformas no hay filtro ni verificación de hechos.

El sesgo se convierte en el principal motor detrás de las publicaciones sobre la “inexistencia” del COVID-19, la “exageración” de las autoridades ante el virus y los “efectos negativos” de usar cubre bocas. A pesar de que todas estas narrativas son falsas, la tasa en la que se comparten perturba a líderes, expertos y ciudadanos por igual.

«Hay tres variables predominantes que pueden afectar nuestra capacidad de distinguir la veracidad de la información compartida en redes sociales», dijo la Dra. Theresa Horner, directora del Programa de Salud Pública de la Universidad de Saint Francis.

La primera es que “muchos estadounidenses confían en las redes sociales como fuente principal de noticias y, por lo tanto, no buscan otro medio de evidencia», explicó Horner.

Segundo, “el formato hace que la información parezca creíble», agregó la directora. Por último, “compartir las publicaciones de familiares y amigos crea un sentido de confiabilidad.”

La desinformación automatizada proveniente de bots se vuelve particularmente popular en redes sociales durante periodos de crisis e inestabilidad.

Hoy, ante un enemigo difícil de detectar y combatir de manera efectiva sin grandes sacrificios, millones de norteamericanos buscan respuestas que los hagan sentir seguros y en control de una situación sin precedente.

Campañas de desinformación que promueven la “falsedad” del distanciamiento físico como medida efectiva para frenar la propagación del COVID-19 o atribuyen la propagación del virus a una conspiración de escala global cuentan con un público significativo y en aumento.

La pandemia de COVID-19 ofrece una oportunidad única para los actores interesados en difundir información falsa, puesto que millones de usuarios buscan explicaciones sencillas, que se adhieran a la realidad que desean y que apunten con precisión a un “culpable” — desde el 5G hasta científicos malvados de origen chino.

La manera en que los individuos respondan a la pandemia dependerá, en gran parte, de la calidad de la información a la que están expuestos, y de las historias y los informes que consideren creíbles.

Hoy más que nunca, es crucial navegar las redes sociales con un sentido de responsabilidad mayor, puesto que la desinformación sobre el COVID-19 puede resultar en conductas temerarias e indulgencias peligrosas.

Si la pandemia “no existe” o es parte de una “conspiración macabra,” muchos perderán incentivos para distanciarse físicamente, usar cubre bocas y evitar reuniones.

Las evaluaciones de los expertos, las cifras disponibles y las leyes de contagio deben gobernar nuestras decisiones como ciudadanos, no las mentiras que se propagan en redes sociales para relativizar, trivializar e incluso negar la crisis de salud que ha cobrado cientos de miles de vidas en todo el mundo.

En un momento de altos temores, incertidumbres e incógnitas, crece el terreno fértil para fabricaciones y ficciones. El gran riesgo es que cualquier falsedad que gane tracción puede negar la importancia de un conjunto de hechos verdaderos, como la efectividad de las medidas de distanciamiento físico, la letalidad del virus en ciertos grupos poblacionales o la importancia del equipo protector para el personal médico.

Desafortunadamente, la información precisa es a menudo más compleja que la claridad atractiva de las teorías de conspiración. La crisis de salud, económica y política desatada por la propagación del COVID-19 exige más de nosotros.

A pesar de lo abrumadora que puede resultar la realidad, disputarla, relativizarla y burlarnos de ella no la volverá más manejable. Como ciudadanos, trascender el impulso de simplificar, contradecir y negar aquello que nos asusta o no se alinea con nuestras preferencias se vuelve un deber importante.

Las noticias falsas sobre causas y efectos de la pandemia de COVID-19 tienen el potencial de socavar la adopción por parte del público de respuestas y políticas de salud pública basadas en evidencia médica.

A pesar de los inmanejables flujos de desinformación, disipar las noticias falsas y descreditar las teorías de conspiración se vuelve crucial para responder de manera responsable y efectiva ante una crisis que nos exige informarnos, verificar el contenido que consumimos y compartimos, y reconocer la complejidad de la realidad actual.