Ni una más en la región

El feminicidio es un problema que vivimos día a día en la región de América Latina. Se puede solucionar con legislación y conciencia.

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Actualmente, según informes de CEPAL y Amnistía Internacional, en la región de América Latina y el Caribe, diariamente son asesinadas 12 mujeres por el simple hecho de ser mujeres. El feminicidio es un problema de violencia machista que vivimos día a día en la región de América Latina. En Argentina, entre el 2015 y el 2016, se calculaba en promedio que una mujer era asesinada cada 30 horas. El CEPAL informa que en el 2014, hubo 225 feminicidios a mujeres de 15 años y más, lo que representa una de cada 100 mil mujeres en el país. En Bolivia, en el 2015, se tenía como promedio un feminicidio cada tres días, y sólo en el primer semestre del 2016, según la fiscalía del país, se registraron 48 asesinatos por violencia machista. En cuanto a México según ONU mujeres al día se cometían 7.5 feminicidios al día hacia el 2016, de acuerdo con el informe, el 48.4%  se cometieron con arma de fuego, 17.2% por ahorcamiento y 16.6% con objetos cortantes.

Casos como el de Ivette, encontrada en una maleta en Tlatelolco el 13 de noviembre, llegan a ser de cotidianeidad en el país y en el subcontinente latinoamericano, tema que debería de alarmarnos y dejar de pasar desapercibido. La indiferencia y la normalización del problema son grandes factores que llevan a una falta del reconocimiento del problema por un gran sector de la población que se opone la tipificación del feminicidio, o que busca negar factor cultural que existe de por medio al cometer dichos delitos. Todo esto se traduce en culpabilización de las víctimas, justificando los actos del feminicida con las condiciones en las que mujer se encontraba al momento de ser asesinada, como el estado de ebriedad, o emocional, la ropa que llevaban, el lugar y tiempo en el cual estaban, entre otras, revictimizándolas a ellas y a sus familias.

Es sumamente importante nombrarlo como lo que es, un feminicidio; un crimen que representa la cúspide de la violencia sistémica en contra de la mujer e impulsar la visibilización de este problema. Con el fin de que sea atacado como es debido y se establezca en el sistema de justicia un seguimiento adecuado para los procesos judiciales que giran en torno al delito. Puesto que, actualmente, uno de los problemas laterales al feminicidio es la impunidad ante el mismo, donde los casos se cierran con carpetazo, o no proceden de manera debida, en el 2014 ONU Mujeres reportó que el 98% de feminicidios registrados en Latinoamérica quedaron impunes. Lo que nos lleva a concluir que este problema, no es reconocido, ni atacado con la importancia que amerita. También nos lleva a reconocer que requiere un combate forzosamente cultural, ya que significa la necesidad de desmantelar un sistema patriarcal, que normaliza los actos de violencia por razones de género.

La solución para el feminicidio no se resume en la corte, o en el encarcelamiento de los asesinos, implica un movimiento mayor para concientizar a la población. Se debe atacar el tema desde el núcleo, acompañándose de una reestructura del proceso judicial y la tipificación del delito para poder llevar a cabo los procedimientos correctos ante esta problemática, sin lagunas legales, ni juicios parciales.