Noticias y redes sociales: cansancio y desinterés

Ante el reto de discernir la veracidad de la investigación de destitución y mantenerse informados sobre sus avances, muchos estadounidenses optan por levantar las manos y desconectarse de todo.

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Daniela Guerrero 

El lunes 18 de noviembre, el internacionalista y analista político Mauricio Meschoulam compartió un reportaje del New York Times sobre el agotamiento de los votantes norteamericanos ante la “niebla” de noticias políticas actual.

Titulado “Nadie Cree Nada,” el artículo realizado por Sabrina Tavernise y Aidan Gardiner expone un fenómeno sumamente peligroso que representa y trasciende al electorado norteamericano: la apatía política. 

Ante el reto de discernir la veracidad de la investigación de destitución y mantenerse informados sobre sus avances, muchos estadounidenses optan por levantar las manos y desconectarse de todo. 

La semana pasada, el Congreso norteamericano inició audiencias públicas en su investigación del proceso de destitución del presidente Donald Trump. A pesar de la exhaustiva cobertura por parte de la prensa norteamericana e internacional mediante análisis, informes y transmisiones en vivo, una cantidad importante de norteamericanos no parecen seguir los detalles. 

Tavernise y Gardiner señalan la creciente importancia de contar con información precisa y veraz en un momento políticamente volátil y socialmente polarizado. “El país se encuentra en medio de un proceso de juicio político contra un presidente por tercera vez en su historia moderna y una elección de alto riesgo a menos de un año de distancia,” detalla el artículo. 

Sin embargo, cuando esta información es más necesaria e importante, aumenta la resistencia ciudadana. ¿Por qué? Tavernise y Gardiner atribuyen gran parte de este hartazgo y agotamiento con las noticias en general al abuso de redes sociales y medios digitales para diseñar y distribuir notas que solo buscan engañar, confundir y antagonizar. 

“Muchas personas están entumecidas y desorientadas, luchando por discernir lo que es real en un mar de sesgo, falsedad y realidad,” puntualizan los corresponsales del NYT. De acuerdo a una encuesta realizada por el Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research, 47% de estadounidenses cree que es difícil saber si la información que recibe es verdadera, mientras que 31% cree que es fácil discernir su veracidad. Alrededor del 60% señala que encuentra reportes contradictorios sobre los mismos hechos, dependiendo de la fuente. 

De acuerdo con Evette Alexander en entrevista para el NYT, «ahora más que nunca, las líneas entre los informes basados ​​en hechos y los comentarios obstinados parecen borrosas para las personas.» La directora de la fundación Knight, dedicada a financiar el periodismo y la investigación, señala que esta distorsión causa una disminución de confianza y una sensación de desinformación general. 

A pesar de la promesa inicial de las redes sociales y el internet de democratizar contenidos e informar a la mayor cantidad de ciudadanos, algo esta fallando. Más allá de la desinformación, el simple volumen de noticias y el incremento de opiniones disponibles sobre un tema representan un paradigma confuso y abrumador para muchos.

«En el espacio político, ya no es necesario tener datos para respaldar afirmaciones», dijo la directora del Centro para la participación de los medios en la Universidad de Texas Talia Stroud en entrevista con el NYT. «El resultado es una población que lidia con el cinismo, con gente que descarta todo lo que se opone a sus puntos de vista.»

El fenómeno de las falsas equivalencias no solo disminuye la sustancia del debate político, sino que promueve conductas deshonestas de servidores públicos, líderes de opinión y ciudadanos bajo la idea de múltiples verdades. El planteamiento de medios como opuestos ideológicos daña la idea de datos compartidos más allá de posturas políticas. 

Tavernise y Gardiner concluyen que este grado elevado de alienación es un fenómeno relativamente nuevo. A fines de la década de 1970, tres cuartas partes de estadounidenses confiaban en los periódicos, la radio y la televisión. La mayoría de los americanos aceptaban datos comunes. 

El escepticismo y la apatía se enaltecen como antídotos para la confusión y el hartazgo que generan flujos de información cada vez más grandes. A pesar del enfoque nacional del artículo de Tavernise y Gardiner, es importante recordar que regiones en todo el mundo viven momentos similares. A pesar de las disrupciones y cambios en la comunicación global y la tentación de desentenderse, como ciudadanos debemos exigir más, no solo de los medios, sino de nosotros mismos.