Perderle miedo a la verdad, de James Clapper al equipo de AMLO

El ex Director de Inteligencia Nacional del Presidente Barack Obama, describe que para que un área de inteligencia prospere, los responsables deben perderle el miedo a hablarle con la verdad al poder.

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El ex Director de Inteligencia Nacional del Presidente Barack Obama, describe que para que un área de inteligencia prospere, los responsables deben perderle el miedo a hablarle con la verdad al poder. Esto quiere decir que sus asesores deben ser lo suficientemente inteligentes para poder hablar con la verdad al Presidente de la República, pues a partir de ahí se tomarán decisiones cruciales para el país. La verdad puede ser dolorosa pero es importante que la gente en el poder tenga acceso a ella, sólo así podrán tener una gestión exitosa. En su libro XX explica que los «alternative facts» de la administración de Trump fueron un pésimo precedente para el avance democrático de su país. Sin embargo este fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos y convendría que los asesores de Palacio Nacional le dieran una leída al libro de James Cohen.

La frase «Yo tengo otros datos» se está convirtiendo en una de las más características de este sexenio. Ello ante la negativa del Presidente Andrés Manuel López Obrador de discutir frontalmente los datos que en diversas ocasiones los periodistas y su equipo cercano le presentan. ¿Es acaso que el Presidente se niega a escuchar la verdad? ¿O será más bien que todos sus asesores le tienen pavor y no le han perdido el miedo a hablarle con la verdad? Me inclino por la segunda, para muestra, la reciente renuncia del Secretario de Hacienda y Crédito Público y su entrevista en el semanario Proceso. En ésta se describe a la perfección cómo ante un Presidente terco, se observa un equipo de asesores débiles que tiene miedo de hablarle con la verdad y prefiere el apapacho a la confrontación, aunque ello tenga terribles consecuencias.

Estas consecuencias no se limitan a que el Presidente tome malas decisiones. Estos «otros datos», están profundizando la división social que existe en nuestras sociedades. En Estados Unidos el discurso racista y xenófobo se está avivando, mientras que en México la disputa entre chairos y fifís cada día se hace más amplia. Estos «alternative facts» abren la puerta a la desconfianza y a todo tipo de teorías de conspiración que en la elección estadounidense se volvieron un caldo de cultivo para la injerencia rusa en la manipulación digital, pero en México está transitando hacia una sociedad más agresiva e intolerante. Las redes se están convirtiendo en un espacio nocivo en donde aquel que no piense como uno es tratado como un enemigo.

Esta polarización no es únicamente responsabilidad de una ciudadanía «perezosa» que no está buscando informarse desde diferentes fuentes, sino que parece que desde el poder se pretende estar avivando. Ello con un Presidente que todas las mañanas sale a hablar con los medios con datos poco sustentados en información confiable. Pareciera que nadie dentro del equipo cercano de López Obrador le está acercando la información real y dura, sino que buscan a toda costa complacer. Por ello, ésta administración se ha visto en la penosa necesidad de salir a corregir el discurso, como ha sucedido en reiteradas ocasiones con las razones de la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) o la venta del avión presidencial. Sin embargo en el equipo de Palacio Nacional parece que les resulta más sencillo activar a sus comunidades digitales para aminorar las críticas (pero agravando la polarización social) que contradecir la voluntad presidencial.

El problema de la manipulación digital, es que no soluciona el problema, únicamente lo esconde. Es como querer ocultar una basura debajo de un tapete, ahí sigue sólo que nadie la ve, pero eventualmente saldrá y empezará a oler mal. El trabajo en redes sociales debería de servir como un amplificador de las acciones que desde el Gobierno se están tomando y los resultados que están brindando. Así como una línea de escucha, comprensión y de comunicación con los ciudadanos. No como un ejército de mercenarios dispuestos a atacar a sus enemigos o a aquellos que simplemente no estén de acuerdo con alguna medida tomada por el Ejecutivo. 

El Presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a las urnas con un gran voto popular, un enorme bono democrático y una gran esperanza social de cambio. Es importante que su equipo de asesores y cercano le brinden la información correcta para tomar las mejores decisiones que lleven a un buen puerto su sexenio. Por el momento, alguien como yo no observa que ese equipo le esté brindando los datos concretos y las mejores soluciones, parece que todos le tienen miedo a fallarle al Presidente aunque ello implique afectar al país. Sin ánimo de ser alarmista, el presidente y su equipo está en buen tiempo de frenar y hacer cambios importantes para actuar de una manera más estratégica. De lo contrario, parece complicado que el proyecto de la 4T pueda avanzar hacia los objetivos deseados. Es posible que el sexenio de AMLO termine pareciéndose más al de su archienemigo Vicente Fox, con un bono democrático desperdiciado y una esperanza social destruida.