Sangre, prole, farmacia… Familia.

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El mero sonido de la palabra nos remite a una versión tradicional de la sociedad que conocimos desde pequeños. La palabra está llena de aromas, sabores, ambientes y los sentimientos más profundos y significativos que conforman la personalidad: el significante se encuentra en objetos, relaciones y hasta síntomas, según Lacan. Inútil continuar con el gimoteo de que las familias tradicionales eran mejores o más estables, perogrullo insistir en que el futuro nos alcanzó y ahora ¿quién sabe qué es una familia?

Me atrevo a presentar que la familia es, ciertamente la célula fundamental de la sociedad, que efectivamente se conformaba naturalmente de críos, padres, abuelos y allegados; solíamos sumar miembros “de cariño” en tiempos difíciles y ahora los restamos o sustituimos. Esos vínculos que forman una red de sujetos generalmente dispuestos a permanecer relacionados conforman la familia en conjunto o individualmente: como dos átomos de oxígeno bastan para conformar una molécula, dos individuos bastan para generar un vínculo familiar. Ese vínculo familiar que a veces se da y otras se decide, es el último refugio de la persona en sus peores momentos, le define y determina de muchas maneras cómo se configura su personalidad y sus preferencias.

Un chico toma las armas de su abuelo, dispara contra su maestra y sus compañeros para finalmente quitarse la vida en Torreón –lo que de inicio podría inscribirse dentro del fenómeno tipo Columbine en México resultó harto más complicado-, los incontables e imparables feminicidios, la horrenda trata de personas, centenares de fosas repletas de mexicanos y suramericanos ejecutados sistemáticamente y a sangre fría… no se podría decir que es inhumano, porque lo es y demasiado. Por si esto fuera poco, el narcotráfico es ya un problema que rebasa el viejo debate de la legalización, el añejo asunto de la heroína se complicó con el fentanilo al grado de que los amapoleros harían mejor en volver al aguacate;  los jefes y grandes cárteles sido remplazados por células mucho más letales e inestables. Alguien recibe una maleta de dinero y omite la revisión de un container con drogas, contrabando, armas, niñas, ¿quién sabe? Así de sencillo y así de complicado –a la de ‘plata o plomo’-.

No podemos señalar con el flamígero al gobierno rebasado por este monstruo que, lejos de ser el viejo crimen organizado –de pactos y venganzas- se ha convertido en una letal Hidra, que acaba todo lo que alcanza. El problema es político, sí, pero también sociológico y psicológico: poco podrá hacerse con cambios en las instituciones de seguridad y de justicia. Un chico que le entra a la ‘vida loca’ no le teme a la policía ni a la cárcel… no le teme a nada.

Pero es válido y deseable que el Presidente se dirija a las familias, aconseje que se hablen los temas más álgidos: no te metas eso, no andes armado, mira a ver si hallas algo bonito en el programa de Jóvenes… es válido y necesario. De hecho, podría decirse que una de las carencias más importantes en el discurso de Calderón y Peña fue una ausencia casi total de sensibilidad hacia temas familiares-sociales. La sensibilidad le llegó con la fuerza de una maza liderada por Sicilia, Le Barón, Wallace… familiares todos de las víctimas de aquella guerra que aún se libra. Sin embargo, podría acusarse un exceso cuando son las autoridades en materia de seguridad quienes acaban coreando programas sociales si se les cuestiona de asuntos de seguridad efectiva, policial, militar: número de hombres, helicópteros artillados, bandas reducidas, líderes capturados o abatidos.

También es válido preguntarnos cómo podemos fortalecer los vínculos familiares y beneficiarlos para que logren salir apoyándose unos a otros. Desde 2006, se tenía muy bien mapeado que una familia cae en desgracia económica cuando alguno de los miembros se enferma gravemente, recibe la noticia de que llegará un nuevo miembro a la familia o cae en malos pasos –lo que generalmente termina en su expiración o encarcelamiento. ¿Será que este sexenio contemplamos y atendemos correctamente la pinza social; pero estamos dejando de lado la evidente capacidad punitiva que México requiere para combatir frontal y verticalmente al crimen organizado?

Es complicado predecir el resultado de las políticas públicas que está llevando a cabo el Presidente porque se trazan en un muy largo plazo; pero será importante medir el impacto de la persuasión lograda por sus campañas para disuadir a los jóvenes de caer en malos pasos, así como la capacidad económica con que contaremos este sexenio para efectivamente arrancar a los jóvenes de la garra de la droga con incentivos económicos.

También es verdad que faltan liderazgos reales más allá del poder presidencial. El poder de convocatoria de los líderes institucionales en general, es insuficiente. El discurso de los familiares de las víctimas que busca justicia es válido pero no necesariamente implica una solución. La familia, ese lugar donde se forma la personalidad y convicciones del individuo, debe forjar líderes impermeables a la violencia y capaces de organizarse para erradicarla de nuestra historia, dispuestos unirse por una humanidad menos inhumana, capaces –sobre todo- de persuadir a una nueva generación de mexicanos de que la violencia no es el camino.

Es un hecho que gobierno, empresa y sociedad civil estamos llamados a rescatar ese valioso vínculo por todo lo que significa y todos los beneficios que aporta: todo lo que podamos hacer por las familias será un esfuerzo bien invertido.

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