Pragmatismo

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“No hemos hecho nada de lo que debamos avergonzarnos,” declaró el Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard en conferencia de prensa en la Embajada de México en Washington, D.C., el martes 10 de septiembre.

En respuesta a una de las crisis binacionales más complejas en los últimos años, el pasado 7 de junio el gobierno mexicano se comprometió a reducir el flujo migratorio a EEUU. Ante la amenaza inmediata de aranceles, Ebrard y su equipo se movilizaron, obteniendo un plazo de 90 días, el cual expiró esta semana.

Tras la reunión con funcionarios del gabinete norteamericano — incluidos el vicepresidente Mike Pence, el Secretario de Seguridad Nacional Kevin McAleenan, y el consejero legal y asesor del presidente Pat Cipollone — la delegación de Ebrard, acompañada de la Embajadora de México en EEUU Martha Bárcena y el Comisionado del Instituto Nacional de Migración Francisco Garduño, proyectó una agudeza firme, distinta.

“La estrategia mexicana ha dado resultados,” dijo el Canciller, quien aseguró que a pesar de que el flujo migratorio excede los promedios de años pasados, se instauró una “tendencia irreversible.”

En mayo de este año, se reportaron 144,000 arrestos en la frontera. Las cifras de agosto indicaron una reducción del 56%, con 64,006 detenciones.

Al evaluar el desempeño de la SRE y el gobierno federal, es importante dimensionar la posición en la que se encontraba México hace tres meses. En junio, el gobierno norteamericano ejerció presión directa y severa. Por un lado, los aranceles prometían desestabilizar intercambios con nuestro mayor socio comercial. Por otro, las implicaciones de enfrentar a una de las naciones más poderosas del mundo eran inmanejables.

El filósofo italiano Antonio Gramsci definió el pragmatismo como “saber que si golpeas tu cabeza contra la pared, es tu cabeza la que se romperá y no la pared.”

Hoy, gran parte de la agenda política norteamericana gravita hacia la frontera. Posturas cada vez más brutales y planteamientos cada vez más miopes sobre migración lideran el debate. En su ultima encuesta, el Consejo de Asuntos Globales de Chicago capturó que el 78% de los Republicanos perciben la migración como la principal amenaza a la seguridad de su país. Aun con fuertes distinciones partidarias, el promedio nacional alcanza el 42%, cuatro puntos por encima de las cifras del año pasado.

Las denuncias al gobierno federal por “ceder” a convertirse en el “muro invisible” de EEUU, omiten realidades importantes. Resulta fácil acusar a la Cancillería por dejar la puerta abierta al voluntarioso poder ejecutivo estadounidense para que pueda presionar cuando le sea útil. Resulta más difícil admitir que la puerta está abierta, nos guste o no. Las elecciones presidenciales en EEUU no harán mas que acentuar el enfoque en migración, dejando a México expuesto a las controversias norteamericanas, por parte no solo del presidente Trump, sino de miembros del partido Republicano, candidatos demócratas, agencias federales, y grupos de interés. 

El pragmatismo es desacreditado por muchos. Sin embargo, en su manejo de la crisis migratoria, el gobierno mexicano, representado en Washington por un Ebrard que aprendió a nadar con tiburones, logró dignificar la estrategia nacional.

Hoy, México no solo promueve un enfoque que incorpore inversión transnacional y generación de empleos para atender las causas estructurales de la migración, sino que emplea sus presiones como país receptor y expulsor de migrantes para posicionarse como un líder regional de mayor peso.  

A pesar de la incertidumbre sobre que tan viable será mantener la reducción que incitó el reconocimiento público del presidente Trump a la administración mexicana vía Twitter, no podemos reducir la efectiva y rápida desactivación de una amenaza concreta a un golpe de suerte o un acto de sumisión.

Ebrard presentó un contrapeso interesante en la reunión del 10 de septiembre. Plantear el tráfico de armas como un problema binacional no solo expande las posibilidades de cooperación, sino que envía un mensaje sagaz al gobierno norteamericano: la inserción ilegal de armas representa una amenaza para México, de la misma forma que la migración para EEUU.

            El desempeño de distintas secretarías del gobierno mexicano ante la crisis migratoria estos últimos meses, sufrió más de un revés. A pesar de los errores cometidos, las dificultades pendientes, y las presiones renovadas, el pragmatismo imperó sobre el estancamiento ideológico y la inercia. Nada de que avergonzarse.