Voces en crisis, pasos agotados

Se conoce que el fenómeno migratorio como es visto ahora ha formado parte de la región latinoamericana desde la expansión de las ciudades, cambios y las constantes fluctuaciones e incertidumbres económicas y políticas

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Por Karen Torres Castillo

Se conoce que el fenómeno migratorio como es visto ahora ha formado parte de la región latinoamericana desde la expansión de las ciudades, cambios y las constantes fluctuaciones e incertidumbres económicas y políticas. Precisamente sus causas se asocian con la violencia, que adopta diferentes formas e intensidades dependiendo de la región o país en que se presente; puede ir desde aquella perpetrada por grupos criminales hasta persecuciones y amenazas, así como violaciones a los derechos humanos por parte de instituciones públicas. La dificultad para conseguir empleo o las precarias condiciones de este son otro importante motor de la movilidad; la prevalencia de la pobreza y las desigualdades, alimentadas por un Estado que no puede garantizar el bienestar y la calidad de vida de cada uno de sus habitantes obligan a miles de personas a abandonar sus hogares cada día en busca de mejores oportunidades. La migración en tiempos recientes ha adoptado nuevas dinámicas que alimentan la diversificación del proceso pero que, igualmente, traen consigo una serie de problemas tradicionalmente derivados de la relocalización y el choque cultural, así como las dificultades del transcurso espacial y temporal del origen al destino.

En los últimos meses se han vivido dos importantes éxodos en Latinoamérica, a pesar de que la migración lleva mucho tiempo dándose de manera periódica y prácticamente en todo el mundo, resultan particularmente interesantes para nuestros días las circunstancias que han obligado el desplazamiento y el proceso migratorio de Venezuela y Honduras, ambos países con causas muy diferentes entre ellas pero que comparten estos factores característicos del proceso migratorio: una situación que determina su salida del país, la posibilidad de hacerlo, el enfrentamiento a la opinión pública que, por un lado les apoya y, por el otro, les denuncia en diferentes grados de intensidad, y finalmente una recepción que a pesar de no siempre darse en las mejores condiciones, representa una oportunidad que se perdió mucho antes de la decisión de migrar.

La situación en Venezuela ha sido clave como parte de un fenómeno que se ha visto con mayor fuerza recientemente, la migración interamericana, en la que Estados Unidos deja de ser un destino único porque las mismas oportunidades pueden encontrarse también en otros países de Latinoamérica. El compartir la cultura y ciertas características y necesidades sociales podría ser un factor que aligerara el impacto de la migración y propiciara mejores condiciones de integración, sin embargo, lo cierto es que las poblaciones locales continúan con cierto sentimiento de rechazo o fobia por el cambio en la demografía de cada país y supuestos respecto al cambio en las dinámicas laborales, económicas, sociales y en materia de seguridad. Además de que Latinoamérica es una región permeada por la desigualdad, y es tanto una causa para la migración, como un elemento constante que se interna en la cultura, de manera que acompaña todo el proceso e incluso se alimenta de él. La migración interamericana es un fenómeno que ha ocurrido y es común entre los países sudamericanos, sin embargo, cuando ocurre en masa en un corto periodo de tiempo es más perceptible y susceptible de recibir apoyos nacionales e internacionales, o este rechazo poblacional.

Para el caso de Honduras en el que la opinión internacional se ha dividido entre el país hondureño, los países centroamericanos, México y Estados Unidos, cada uno de los cuales dio una reacción inmediata en materia política y social, se ha hecho un -débil- esfuerzo por proveer las condiciones que faciliten el libre paso, sin embargo, ha sido un proceso más caracterizado por la hostilidad y la violencia que, a pesar de ello no supera esa que detona la expulsión. Con un alto componente xenofóbico y la incertidumbre en la seguridad tanto del camino como de la llegada a los Estados Unidos, los migrantes centroamericanos se hacen presentes y denuncian con el desplazamiento las hostilidades domésticas que han alcanzado niveles extremos e inhumanos.

Las causas de la migración no resultan ajenas a estas dos situaciones actuales: pobreza, falta de oportunidades y violencia, que impiden a la población desarrollarse con plenitud; es un número significativo de carencias que imposibilitan la vida misma, se trata de fallos del gobierno, pero también un grave daño contra el tejido social que ha dificultado los intentos de mejora en la calidad de vida.

La migración es una situación inevitable, un ejercicio natural que no necesariamente se asocia con motores negativos; la población mundial está en constante movimiento. Es necesario promover un esquema que evite la criminalización del fenómeno y la vulneración de cuantos participan de él. Así como resulta imperativo generar las condiciones para que nadie se vea forzado a dejar su hogar, y también para la adecuada recepción e integración social; que los Estados sean capaces de proveer a sus ciudadanos de seguridad y bienestar, tanto como para recibir extranjeros, darles oportunidades dignas y justas en un marco de cooperación internacional y respeto a los derechos humanos. Garantizar seguridad en el tránsito representa un progreso en las sociedades y en los mecanismos de protección a los civiles.

Es necesario consolidar sociedades más solidarias, resilientes y empáticas, que no alienten la criminalización de un proceso natural y sean capaces de observar críticamente y a profundidad los factores que expulsan a alguien de su hogar, así como las implicaciones reales que ello tiene sobre el territorio que transitan o tienen por destino. Las condiciones de algunos países hacen forzoso el desplazamiento; es un proceso sumamente difícil en la emocionalidad, y las dinámicas políticas y económicas, no necesariamente negativas pero que en muchas ocasiones los países no están preparados completamente para enfrentar, o no facilitan la flexibilidad en las leyes cuando tiene un gran peso su componente moral. Comprender el privilegio de las bondades regional o estructural, que no se encuentra completamente en la responsabilidad del individuo, es el primer paso hacia la sensibilización acerca de este tema que se ha tornado en polémica y problemática. El fallo del sistema o la adversidad geográfica son tan frágiles y probables en cada rincón del mundo, que es necesario estar preparados a nivel individual, nacional, subnacional e internacional para la recepción adecuada de los migrantes actuales y para que, bajo las condiciones que sea, eventualmente tengamos que migrar.